La importancia de crear relaciones duraderas
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La importancia de crear relaciones duraderas

Cecile Vermeil, Jefe de Recursos Humanos y Comunicación · octubre 03, 2022

¿Se ha preguntado alguna vez qué genera el primer contacto con alguien? ¿Qué hace que nos reconozcamos en una multitud, que nos hablemos por primera vez? ¿Por qué nos gusta más una persona que otra? ¿Dura más una determinada relación? He aquí algunas ideas sobre los mecanismos que componen un encuentro y lo que lo hace durar.

La relación… ¿humana?

Conectarse. Estar conectados. Está arraigado en nuestro tiempo. Con estas tecnologías de masas y redes diseñadas para facilitar el contacto. Para iniciarlo, pero también para mantenerlo en el tiempo mientras aumenta el número de personas con las que estamos conectados. De una forma u otra, pasiva o activa, artificial, e incluso superficial. Sin embargo, no hay nada más humano, personal y profundo que una relación. Así que, para establecer relaciones humanas, ¿no necesitamos a veces saber dar un paso atrás en lo que son nuestras relaciones? ¿Debemos preguntarnos qué son, qué nos aportan? ¿Debemos plasmar en la vida real la tarjeta de contacto de nuestro smartphone? Existe además la oportunidad de apartarla, incluso cuando nos sentimos incómodos, cuando nos encontramos cara a cara con esa otra persona en una fiesta, en un curso de formación o en el metro: ¿nos vamos a dar la oportunidad de conocernos, al principio de la relación?

¿Cómo nos conectamos?

La psicología de la forma llamada Gestalt divide el encuentro en cuatro fases:

  1. La fase de precontacto, centrada principalmente en uno mismo, es la del lenguaje no verbal: ¿cómo le hará reaccionar la persona con la que se encuentra? Se trata de la famosa primera impresión que permite recabar información sobre el «objetivo».
  2. El contacto es el momento del intercambio durante el cual descubrirán «motivos comunes singulares que serán la base de su complicidad».
  3. En este momento, puede conectar y dar vida a una relación más sustancial: una conversación, otra oportunidad de encontrarse, de conocerse mejor.
  4. Por último, el periodo posterior al contacto le permite «digerir la relación y hacerla parte de su historia».

¿Por qué nos conectamos?

Los seres humanos son animales sociales. Alimentan su afecto y su reflexión a partir de las relaciones que crean. Al principio, hay algo que marca la diferencia. ¿Cómo se explica la fluidez de ciertos encuentros cuando otros parecen tan difíciles? Nuestro cerebro arcaico no puede funcionar sin un vínculo común: en efecto, es más fácil establecer vínculos con personas que comparten los mismos intereses profesionales o personales, una experiencia o un conocimiento común. O incluso un interés común. Es la noción de supervivencia de nuestra identidad primitiva: la identificación de lo que el otro puede aportarnos para permitirnos avanzar, según nuestra posición masloviana. Ya sea la compatibilidad de carácter, o incluso los valores que tenemos, lo que envidiamos a la otra persona y lo que nos aporta, su humor, su carisma, su forma de ver la vida. Pero también la seguridad, el aprecio, el reconocimiento, la libertad, la escucha, un servicio que se nos puede prestar, la atención interesada. Si a veces nos hace sentir bien , simplemente.

¿Está preparado para asumir el riesgo?

¿Se siente preparado? En efecto, para establecer una nueva relación, ¡hay que desearla! Si no estamos abiertos a la otra persona, permaneceremos en nuestra zona de confort y en nuestro círculo conocido. Si el inicio de una relación puede ser intimidante, por ejemplo, debido al miedo natural al rechazo, esto requiere por tanto superar la propia resistencia al cambio y aceptar situaciones que pueden incomodar. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar?

Lo que hace que la relación sea duradera

Mantener el contacto no significa necesariamente alimentarlo. Significa mantenerse en contacto, pero, más allá de eso, lo que cuenta es lo que va a ocurrir con la relación. ¿Ha nacido estancada? ¿Está destinada a cesar en cuanto se cumpla el objetivo, se pierda el interés común? ¿Está destinada a mantenerse firme, sean cuales sean las corrientes, o a evolucionar de forma diferente? Una cosa es cierta, solo el tiempo permite reforzar los vínculos y está en nuestra mano –de los dos, pues la relación es realmente dual– hacerlos durar.

¿Y en las empresas?

En Itecor, hemos observado que el intercambio de conocimientos es una verdadera oportunidad para conocerse y reunirse. En persona. No se trata tanto de las competencias técnicas como de lo que hacemos como individuos con nuestros conocimientos. O cómo lo vivimos.

Por ello, nuestros asesores marcan la diferencia. Y nuestros clientes también. Juntos cultivamos valores de coraje, autenticidad y creatividad/curiosidad, que son la base de una relación a largo plazo. Estos valores se reflejan en la responsabilidad que asumimos en cada uno de los mandatos que se nos confían; en la transparencia y el aprendizaje continuo que nos impulsan a mejorar; y, por último, en la innovación y la búsqueda de las mejores soluciones humanas y tecnológicas. Gracias a ello, desde hace 30 años, la mayoría de nuestros clientes nos honran con su confianza y renuevan sus compromisos durante 5, 10, 20 años y más.

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